Y entendí lo que era desvestirse sin quitarme la ropa.
Y yo en su guarida, un poco famélica, mientras él conversaba acerca de Italia y Caravaggio, me sentía como la Magdalena penitente de Donatello. Nunca le había besado tanto las manos a un hombre, tampoco recuerdo el nombre de muchos hombres más buenos que él. Cuando él hablaba de arte yo hablaba de cosas tristes,… Sigue leyendo Y entendí lo que era desvestirse sin quitarme la ropa.
